Alguien me habló, ¿quién
será? Últimamente no he hablado con nadie, quien puede ser, a lo mejor es el
chico del paquete…
Mario: Hola
Yo: Hola. ¿Qué quieres?
Mario: Tranquila, solo
quiero pedirte perdón.
Yo: ¿Perdón? ¿Qué hace un
perdón? Absolutamente nada.
Mario: Me equivoque, pero me
di cuenta, de que te quiero, te amo, solo a ti, y necesito que me perdones.
Yo: Mario, me dejaste por la
que fue mi mejor amiga, diciéndome que ya no sentías lo mismo, que ya todo era
diferente, y ¿quieres que te perdone? No puedo.
Mario: ¿Por qué no?
Yo: ¿Qué porque no? Pues
porque me hiciste daño, me traicionaste, rompiste mi corazón, e hiciste que
perdiera la confianza en el amor.
Mario: Perdóname, yo puedo
hacer que todo eso cambie y vuelva a ser como antes.
Yo: Ya es demasiado tarde.
Me voy. Nos vemos el lunes en clase
Mario: Por favor,
piénsatelo, se que en el fondo quieres. Por favor.
Yo: Adiós Mario.
Mario: Hasta luego.
Pero como puede ser así,
como puede usarme de esta manera. Sabe cómo me siento y ¿me dice todo esto? No
puedo más. Mejor que baje haber si mamá ya llegó para ayudarla a preparar todo.
Bajé las escaleras y pude ver como mamá estaba colocando las cosas en la cocina
con Lucí.
Demelza: Mamá ¿necesitas que
te ayude?
Madre: No cielo, ya hemos
terminado, no era mucho.
Demelza: ¿Qué comeremos hoy?
Madre: Pizza.
Demelza: ¿Quieres que vaya
llamando para que las traigan?
Madre: Si por favor.
Cogí el teléfono y marqué el
número de una pizzería que está aquí cerca, y es muy rica, es italiana.
``Hola, buenas tardes, me gustaría pedir dos
pizzas, una margarita y una marinera, y si puede ser dos panes de ajo´´
``Claro, la tendrás ahí en 15 minutos´´ ``Gracias´´.
Volví a dejar el teléfono de
donde lo había cogido, y subí a mi habitación. Dios mío, que complicado es
todo. ¿A que había venido aquella conversación? Era todo muy raro. Me tumbe en la cama, mientras aquellas
palabras visitaban mi mente por segunda, o a lo mejor tercera, o incluso cuarta
vez. ¿Y si era verdad? No, no iba a caer en el mismo juego de nuevo.
Pum. Otra vez esa sensación.
Otra vez esa sonrisilla que se dibuja en mi cara sin ninguna explicación. Otra
vez esas ganas de abrazarte en cualquier momento. Pum. Millones de pulsaciones
a la vez. Ganas de reírme y de llorar al mismo tiempo, ganas de comerme la vida
yo solita y no dejar nada para los demás. De ser feliz, a tu lado. De dejar de
pensar en lo que pasó, y empezar a pensar en lo que está pasando. Ganas de
descubrir cosas nuevas de ti y disfrutar juntos. Ganas de bailar y de reír, de
beberme el miedo junto a ti. Ganas de que nuestra historia vuelva a surgir. No,
no voy a ser tan ingenua, no voy a volver a sufrir desde el principio. Todo
acabó, el mismo lo dijo.
Lucía: Demelza, mamá que
bajes que las pizzas ya han llegado.
Demelza: Ya voy princesa.
Baje las escaleras hasta
llegar a la puerta donde se encontraba el pizzero.
Demelza: Espere un momento
que voy a buscar el monedero.
Pizzero: Si no te preocupes.
Demelza: Aquí estoy. ¿Cuánto
es?
Pizzero: 25,95€
Demelza: Aquí tienes.
Pizzero: Le devuelvo 4,05€
Demelza: Gracias, que pase
buena tarde.
Pizzero: Igualmente
preciosa.
Cerré la puerta y lleve las
pizzas y el pan a la cocina, donde estaban mamá y Lucia preparando la mesa para
comer.
Demelza: Aquí tienes las
pizzas mamá.
Lucia: Pizza, pizza, pizza.
Demelza: Lucia, vete a
lavarte las manos.
Lucia: Voy.
Mamà: …
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